Ir a la Web General

" Amor Propio "
(página actualizada el día ... -ver capítulos-)
-- es continuación de la página "Sé tú mismo" --
Para poder comprenderla, es importante haber captado el mensaje de la anterior.

I N D I C E .- * Qué entender por Amor Propio.- (21-01-2005)
* Autoestima y Vampirismo.-
(03-02-2005)
* Analizando la "Onda Vivencial".- (18-03-2005)
* ¿Qué es amarme?.- (18-03-2005)


        * Qué entender por Amor Propio.-
        ¿Podríamos concretarlo en amor hacia lo nuestro o hacia uno mismo, ... o amor hacia lo propio de mí? Esto equivaldría a "amar nuestra integridad", ... pero esto contiene en sí diferentes entendimientos, pues, ... ¿qué concebimos por "amar" y por lo que somos o "nuestra integridad"?
        No obstante lo anterior, que pretende ceñirse al contenido de cada palabra de la expresión "amor propio", el primer pensamiento que nos suele venir cuando tratamos de concebir un acto de amor propio es el de intervenir ante los demás y ante nosotros mismos para defender de alguna manera la imagen de nuestra personalidad. Mas es fácil percibir que en esa respuesta estará presente el Orgullo, que tiende a no permitir ciertos actos hacia nuestra persona. En esta consideración, ¿percibimos también en ella la presencia o acción del amor y de criterios de integridad? O es que en lugar de actos de "amor propio" debiéramos llamarles actos de "orgullo propio".
        De todas maneras, debemos considerar dos circunstancias claramente diferenciadas en las que tiende a intervenir lo que denominamos amor propio. 1) Cuando sentimos o nos indican deber intervenir para dejar a nuestra persona en buen lugar o consideración por algo que debe considerarse ofensivo desde otra persona hacia nosotros. 2) Cuando lo que daña nuestra persona es algún comportamiento de nosotros mismos, por una actitud o situación que puede considerarse perjudicial para nuestra persona o personalidad. En la consideración del segundo caso, os remito a lo que expresa la pequeña página "¿ Por qué buscamos que nos quieran ?" (NosQuieran.htm), y a lo que trata la página "Sé tú mismo", y más específicamente al primer capítulo, titulado "Respira de ti mismo". Lo que sigue a continuación en este artículo, va referido a la consideración de la primera circunstancia del comienzo de este párrafo.
        A mí, desde mi subjetividad, desde los criterios que he elaborado dentro de mí sobre lo que es amar y sobre lo que soy como integridad, me parece que nada hay de amor y de defensa de la integridad personal en las respuestas clásicas del amor propio. Más bien tiende a haber una respuesta obligada por ciertos condicionamientos de las relaciones sociales y la imagen que en ellas deseamos o nos fuerzan a establecer; es decir, en lo que nos empeñamos en representar ante nosotros y ante los demás. En esto sería muy oportuno hacernos la siguiente pregunta: ¿qué entendemos por "lo que somos" o qué creemos que somos? Está claro que según lo que concretemos de tal pregunta, así serán enfocados nuestros comportamientos o actos.
        Si el término "amor propio" está mal utilizado, deberíamos cambiarlo, por ejemplo, por este otro de "acto de orgullo propio", o bien buscar otros contenidos para lo que deben ser los "actos de amor propio".

        Para poder comprender estos planteamientos subjetivos (de mi persona), es importantísimo el haber percibido los mensajes de los diferentes capítulos de la anterior página ("Sé tú mismo"), donde se deja constancia clara de "lo que son los demás y lo que son las circunstancias que envuelven nuestra vida personal", pues ello nos ayudará a comprender de mejor manera lo que vienen a significar las actuaciones de los demás hacia nuestra persona, para que no haya respuestas basadas en orgullos, soberbias o vanidades, y sí desde el valor que contiene todo acto que nos viene del exterior, respecto de lo que nos aporta de conocimiento de nosotros mismos y de aportación de posibilidades de dar mayor coherencia a nuestra personalidad respecto de nuestra realidad intrínseca o esencial.
        Actuar desde el "Amor Propio" ("amor ... de mí") tiene que ver con "actuar desde el amor a mi propio ser", que contradice toda acción basada en el desamor, la confrontación y la defensa de egos competitivos o rivalizantes.
        Cuando aprendemos a vivir desde la conciencia de nuestros estados internos, sabiéndonos mantener además en estados de serenidad y paz interior, comprendiendo que todo lo que percibimos (lo que nos llega) de las acciones de los demás viene a mostrarnos de nosotros mismos, de nuestros estados internos y de todo lo que de forma latente (semillas potenciales) hemos ido creando y almacenando dentro de nuestro ser, poco sentido cobra responder de forma defensiva, con altanerías, agresividad o respuestas ofensivas hacia lo que sean los actos o palabras de los demás hacia nosotros.
        Los amigos y buenas relaciones nos los envía la Vida como elementos de descanso en los caminos de crecimiento personal (interno y externo). Mas aquellos a los que tendemos a considerar como enemigos, así como todo aquello que de alguna manera viene a dificultarnos el descanso y la confianza en el logro o permanencia de lo que pretendemos tener o conseguir en nosotros o vinculado a nosotros, nos lo envía la Vida para que podamos percibir algún aspecto escondido de nuestra personalidad, superar flaquezas, reafirmar criterios, reconsiderar actitudes, ... y, en definitiva, posibilitar el crecimiento de nuestro ser.
        Así pues, hemos de aprender a ver a lo enemigo y a lo dificultoso como el mejor regalo que la Vida nos ofrece. Y si añadimos a esto último el saber que todo lo que nos envuelve se ha ido gestando en los modos internos (aspectos emocionales) en los que consentimos mantenernos por apegos, orgullos e intolerancias, ¿con qué coherencia y justicia podemos asumir el rol del amor propio que tradicionalmente se nos ha inculcado?
        Practiquemos el saber estar en la percepción de nuestro estado interno en todas las situaciones que vivenciemos, para poder ir percibiendo la razón de todo cuanto nos acontece. Y también para poder ir percibiendo desde qué actitud o estado interno venimos respondiendo o interviniendo en cada situación. Esto nos reportará la comprensión de por qué se nos responde en la manera en la que lo percibimos.

        En todo lo que suele moverse en torno al Amor Propio tradicional, es importante también saber separar estas dos cuestiones: a) Lo que han sido para mí las situaciones vividas sobre las que tiende a intervenir dicho amor propio. b) Lo que han sido para los demás esas situaciones. Es decir: Si lo que se mueve como necesidad de respuesta por cuestiones de amor propio es en base a lo que a mí mismo me ha afectado algo o por lo que otros consideran que me debo haber sentido afectado.
        Si me planteo responder en base a lo que otros consideran de lo que debió ser la afectación en mí, en lugar de Amor y de Propio, lo que hay es Compromiso y Ajeno, o más bien Manipulación ajena en las respuestas de mi propio ser. En esta ocasión difícilmente podré actuar con amor hacia el autor del acto a considerar como doloso. Seré más bien Marioneta de otros, que de seguro generará descontento posterior de mí mismo hacia mi propio proceder. Daré lugar así a un acto de Desamor Propio. Habremos actuado en respuesta no de lo que nos vino a aportar aquel acto, sino de lo que vino a decirle a los demás; por tanto, nunca será acertada nuestra respuesta desde la necesidad de nuestra realidad interna. Habremos consentido en ser verdugo contratado.
        Vemos, pues, la importancia de saber percibir el estado interno desde el que tendemos a actuar, procurando ser, primero, consecuente con él (para que exista lo "propio") y, segundo, consecuente con la consideración de lo que en sí son los factores que han desencadenado aquello que de alguna manera nos afectó (para que exista el "amor"), que de seguro se inició en estados nuestros anteriores y en necesidades presentes.
        Un acto, pues, de Amor Propio, debe conllevar amor hacia aquel que haya intervenido hacia nosotros, que es con lo que expresaremos de mejor manera el haber actuado hacia nuestro propio amor, tratando de sacar alguna enseñanza o conocimiento hacia elementos o condiciones de nuestro interior, desde los que se mueven las circunstancias que nos envuelven o nos llegan de fuera.
        ¿Habéis tratado alguna vez de sacarle intenso provecho a aquellas expresiones legendarias de "amad a vuestros enemigos" y "¿no comprendéis que toda cosa que entra en el hombre desde fuera, no lo pude hacer inmundo?...Pero las cosas que salen de la boca, del corazón salen y éstas manchan al hombre". Hagámosnos responsables de todo aquello que sale (que consentimos y que expresamos) de nuestros sentimientos, pensamientos, palabras y acciones, y sepamos sacar provecho (enriquecimiento personal) de todo lo que nos llegue de los actos de los demás; en ello está presente la Sabiduría de esta vida. [ inicio ]

        * Autoestima y Vampirismo.-
        Conceptuaremos la Autoestima como "la valoración que hacemos de nuestra propia persona, en base a las cualidades y capacidades que concebimos está en nosotros poder expresar". En otras palabras, "el grado con el que valoramos cuanto percibimos que somos".
        Esa "valoración que hacemos de nuestra persona" es referida a nuestra propia subjetividad, es decir, a nuestro modo personal de percibirla, considerarla y valorarla; no a lo que podamos ser objetivamente, en nuestra realidad esencial, sino a lo que elaboramos y "mantenemos" en el concepto que construimos de nosotros mismos. Tampoco está sujeta a nuestras experiencias sobre lo que hicimos o pudimos expresar, sino a lo que de todo ello pasa a nuestra conciencia y "se mantiene" en ella sobre la validez de nuestra persona.
        La autoestima tiende a tener carácter variable, pues suele ir unida a nuestra satisfacción como persona, sujeta a fácil variabilidad en función de cómo vivimos las diversas situaciones cotidianas. Por ello, es fácil que tendamos a ir sometiéndola a prueba constante, para reafirmar lo que creemos que debemos ir mostrando de lo que deseamos ver que somos. Y esto ocurre cuando no estamos convencidos ante nuestro propio sentimiento interno; es decir, cuando no estamos convencidos de ser lo que queremos ser.
        No debemos concebir (cosa muy habitual, incluso en las áreas profesionales de la Psicología) que nuestra propia consideración o modos de nuestra autoestima se sustenta o alimenta en gran medida de las opiniones que otros expresen de nosotros, pues la causa real o intrínseca de nuestro criterio sobre nuestra persona no nace a partir de esas opiniones, ya que es el propio sentimiento interno sobre nosotros mismos (arraigado en los niveles del subconsciente) el que va generando en torno a nosotros (fuera de nuestra persona) las circunstancias que desde fuera o desde los demás tiendan a justificar o confirmar lo que es nuestro propio sentir. En otras palabras, buscamos (y logramos) confirmar por fuera (desde los demás) lo que sentimos por dentro.
        Sugiero que sobre esto último leáis el capítulo "Lo más importante de lo que hagas, pienses o digas,..." de la página "Sé tú mismo". Todo nace dentro, en lo interno. Lo externo solo viene a mostrar o materializar ante la Conciencia las realidades internas, pues el desarrollo de la Conciencia tiene lugar (se logra) sobre lo que percibimos de las materializaciones o elementos externos. El sentir interior es la simiente portadora de los genes de lo que concluye tomando forma externa, y así nutrir o estructurar nuestra conciencia. Así pues, lo menos importante de lo que capta la conciencia son las significaciones referidas a los demás (lo que cualquier cosa viene a mostrarnos de los demás). Lo más importante de todo cuanto capta nuestra conciencia es lo que contiene de referencias y de instrucción sobre nuestro propio interior (lo que nos viene a decir y aportar hacia nosotros mismos)
        Las expectativas que elaboramos para nuestra persona, generalmente sustentadas con el deseo de ser como alguna otra persona es, y no la consideración de nuestras propias posibilidades y tendencias naturales y el progreso en sí de las mismas (lo que podemos alcanzar a ser, respecto de lo que nosotros mismos fuimos hasta hoy), es lo que dificulta el establecimiento de un patrón estable de la autoestima necesaria para nuestro propio equilibrio emocional. La tendencia a compararnos a otros para el establecimiento de nuestra propia consideración, genera una constante modificación del patrón de referencia. De alimentar esas tendencias se encargan en gran medida los medios de comunicación, a través de los patrones de comportamiento inmersos en los diferentes eslogan publicitarios, tanto relativos a modas como a consumos comerciales y a enfoques de las distintas áreas sociales y profesionales.

        Una cuestión importante a tener en cuenta en esto de la autoestima es el factor "vampirismo" que aparece allá donde hay considerable estado de autoestima en alguna persona, que se desarrollará a expensas de la baja consideración de otra persona en sí misma. Y veremos que esta otra persona estará de alguna manera vinculada (conectada) a aquella otra supra-autoestimada (será algún hermano/a, amigo/a, compañero/a, ...). Y es que nada escapa al principio de "complementación polar", que establece que todo cuanto se manifiesta lo hace al mismo tiempo en sus modos contrapuestos, por lo que siempre se encontrarán (vinculadas entre ellas) personas que expresen modos de ser contrapuestos.
        No somos propietarios de los modos de ser que nos caracterizan, sino que la posibilidad de expresarnos como tendemos a hacerlo la obtenemos de lo que vengo a llamar la "despensa colectiva", es decir, de los modos posibles de ser que hemos generado en la colectividad de la que formamos parte. Por ello, en esos posibles modos encontraremos siempre los dos extremos de cualquiera de ellos. Unos tenderán a acaparar unas polaridades, y otros lo harán de sus contrapuestas (optimismo/pesimismo, aceptación/no aceptación, ...). Sugiero echéis un vistazo a la amena página "Vampirismo", que os amplía sobre todo esto. La imagen que encabeza este capítulo está referida a esa cuestión, expresiva de cómo las circunstancias de una persona pueden "pasar" a otra cuando se trasvasan (cambian de ubicación) las energías propias de las diferentes actitudes que puede expresar el ser humano; y esto puede ocurrir a partir de un simple instante.
        La vida no es mantenerse en lo que mostramos ser, sino ir experimentando modos de ser, a fin de ir desarrollando conciencia de lo que podemos llegar a expresar, con el fin de adquirir criterio sobre lo que realmente somos. Quedarse, pues, en el personaje de lo vivido en cierta circunstancia o tiempo es quedarse atrapado en la herramienta (una actitud o una aptitud) y no en el fin que ésta persigue. Vivir es experimentar el personaje y percibir lo que viene a decirnos tal vivencia, y de aquí la importancia de ser consciente de lo que vivimos de cada situación. Para un correcto criterio de cada elemento polar vivenciado será preciso ir dando vida a sus propios factores contradictorios, es decir, adquirir la experiencia de lo que aporta la vivencia de ambos extremos o polaridad de cada modo de ser, tanto de lo que pudiéramos considerar positivo como aquello que podríamos considerar negativo.
        Una de las formas más generalizadas del apego (factor de sufrimiento) es el aferramiento al modo peculiar de ser, a querer mantenernos en los modos de ser que posibiliten mantener la imagen que queremos dar de nosotros (de persona voluntariosa, respetable, responsable, simpática, seria, distante, atrevida, intelectual, artista, fuerte, sensible, atenta, delicada, grotesca, bonita, elegante, ...). Y esto suele ocurrir más hacia la permanencia de las actitudes que nos reportan algún tipo de respetuosidad (valoración) allá donde se desenvuelve nuestra vida. Las personas que desean adquirir y mantener esas imágenes, tienden a no poder soportar que a ellas se les catalogue de alguna de las formas "negativas" que pueden concebirse dentro del grupo social donde se desenvuelven, pero su persistencia hace que otros no puedan salir de las actitudes contrapuestas a la de aquel (de las consideradas negativas). En esto cabe tanto la imagen de individuo "duro" (fuerte, insensible, sangre fría, ...) que se desee mantener, como la de persona muy responsable, generosa, voluntariosa, etc., y es por ello que debemos plantearnos la siguiente consideración: ¡Ojo con los aspectos negativos (de vampirismo y condicionamientos) que generan las actitudes persistentes positivas!
        Este tipo de personas "positivas" son las que más vampirismo suelen desarrollar; es decir, las que más dificultan los desarrollos de facetas o actitudes positivas en los demás, ya que tienden a acaparar para sí lo que corresponde a todos. Su propio menosprecio de los demás, de los que ve como negativos o que no saben hacer bien las cosas, induce a generar en estos otros, inconscientemente, el sentirse inferiores o incorrectos, con lo cual aceptan el que no son tan positivos. Así, los "buenos" pueden mantenerse más tiempo apareciendo como mejores. Pongo de esto un ejemplo práctico a continuación.
        Si quiero dar y mantener de mí que soy una buena persona, respetuosa, generosa y voluntariosa, tenderé a rodearme de personas que no lo sean, o es posible que pueda ir generando en algunos otros el sentimiento de que ellos no lo son, no necesariamente diciéndoselo así de claro, sino tendiendo a recriminarles en aquello que pueda percibir o entender como defectos de ellos, con los que me compararé y haré ver que yo no soy así, y sí de mejor manera, aunque esto sólo sea desde mi criterio o desde mi modo personal de enjuiciar o considerar a esos otros. Pero en el fondo, lo que voy haciendo es ir engordando mi figura de persona "buena", que precisa de "malos" a mi alrededor para entre ellos yo destacar en lo que quiero ser para los demás o para mí mismo. Lo que se suele decir que "mina" o deteriora el sentimiento de los demás para consigo mismos, no es otra cosa que un vampiraje de la energía de valoración o cualificación, en el cual la del otro la tomo yo para mí y el otro queda desposeído de ella.
        Así como es preciso la sombra o la oscuridad para que el brillo de la luz se haga notar, así tendemos a rodearnos de aquello donde se haga notar lo que valoramos de nosotros. Pero lo peor de esta tendencia no es que tendamos a rodearnos de valores contrapuestos, sino que si no los hay desde ellos mismos, los generamos minando la propia autoestima o consideración de otros, para inducirlos a sentirse peores de lo que nosotros somos, y así engordar en nosotros lo que queremos que sobresalga sobre los demás (¡puro mercantilismo vampiresco!; al estilo vikingo o de la piratería).
        No nos basta con sabernos correctos, y buscamos o procuramos que otros no lo sean para sobre ellos sentir que destacamos en algo. Tendemos a necesitar sentirnos mejores que otros, más valiosos, más útiles, más importantes, más ..., porque en definitiva no sabemos qué es lo que tenemos que ser, valorado en nosotros mismos, sin necesidad de confrontaciones; sin necesidad de menosprecio de otros. Mas cuando alcanzamos a vivenciar lo que en esencia somos, amor y paz, la necesidad de confrontación se transformará en respeto, valoración del otro y solidaridad, configurándose toda acción en ayuda mutua al proceso de crecimiento personal y colectivo.

        Cuando nos aceptamos a nosotros mismos, estamos en capacidad para aceptar los modos de los demás. Aquello que no aceptamos de nosotros mismos no lo soportaremos en los demás. Lo que hay en nuestra potencialidad, con posibilidad de expresarse en tiempo futuro, será algo de lo que no soportamos en la actualidad en alguna persona allegada a nosotros (especialmente en nuestro padre o nuestra madre). Cuando muera el portador de la actitud que no soportamos, si no hemos procurado la comprensión y aceptación del por qué de tal actitud en él, dicha actitud comenzará a tomar forma manifiesta en nuestros modos de comportamiento. Si, por el contrario, fuimos capaces de entenderla y justificar así su comportamiento, adquiriremos hacia nosotros la capacidad de verla como aspecto solapado de nuestra personalidad, y estaremos en disposición de afrontar su superación.
        La apertura al diálogo comprensivo entre personas de actitudes en posibilidad o tendencia a confrontaciones, hace posible la trascendencia o superación del factor negativo de las actitudes de cada cual (la comprensión llega a dar significado diferente a todo). Mas para que sea posible ese diálogo comprensivo, es preciso haber desarrollado la capacidad de intervenir (en este caso, de hablar) desde la aceptación de uno mismo, es decir, desde sabiéndose estar en sí mismo y no en la afectación o percepción negativa de la actitud del otro.
        Cuando sabemos mantenernos en nosotros mientras tratamos sobre algo que puede posibilitar algún tipo de descontrol o afectación en nosotros, estamos interviniendo desde el respeto al otro y desde la no identificación (no identificarnos) con lo que el otro puede mostrar de sí. Estamos situados entonces en nuestra propia plataforma, superando la inercia de galopar sobre el viento que nos circunda (que tiende a envolvernos) y que los demás tienen como cometido remover para posibilitar que sepamos sobre nosotros mismos, de aquello que percibimos de nosotros y de la actitud en la que andamos.

        Tal como nos vemos, así nos verán los demás (pues transmitimos desde nuestro interior). Tal como sintamos nuestro interior, así se pronunciarán los demás hacia nosotros. Lo que precisemos de justificación para que nuestro comportamiento externo exprese los valores o tendencias de nuestro interior, lo recibiremos de los demás (nos harán o dirán lo preciso para que confirmemos o nos reafirmemos en lo que pensamos de nosotros en nuestro subconsciente). Por ejemplo: Si siento incapacidad en mí y no la acepto desde mis propios presupuestos, generaré que me llegue de otros tal criterio sobre mí, para así justificarme desde la influencia de otros y no desde mi propia incapacidad.
        Pero también puede nuestro espíritu moverse o reaccionar en base a estímulos de rebeldía. Entonces, aquello a recibir de los demás será lo preciso para estimularnos a desarrollar aquello que sin un aliciente de rebeldía no desarrollaríamos. En otras palabras: Si tiendo a no estar motivado hacia algún desarrollo, habiendo en mí capacidad, y preciso que otros me incentiven picando mi propia autoestima, moveré a otros a que me tachen de esa incapacidad que tengo que demostrar que no hay en mí, volcándome entonces al desarrollo de aquello que muestre mi capacitación.
        Otro ejemplo del caso de dos párrafos atrás sería lo siguiente: La expresión "eres tonto" generará la justificación (por influencias externas) de torpezas en individuo que realmente las tenga o que por alguna razón interna se aferre a éstas. En el segundo caso, de necesidad de estímulos rebeldes, esa misma expresión de "eres tonto" le incentivará a acometer una serie de desarrollos expresivos de la inteligencia que haya en él. Mas este caso de acción de respuesta rebelde, generará hacia dicha persona frecuentes actitudes de no conformidad o aceptación, porque el propio individuo está en la generación de ondas en contra de lo que realmente hay en él, y esto, a la larga, ocasionará la necesidad de una actitud defensiva constante de sus propios cuestionamientos, criterios o acciones.
        Si este individuo adquiere la suficiente autoestima desde sí mismo y no precisa de demostraciones frecuentes que la alimenten, su rebeldía será expresiva de su dificultad a encajar en los modos de los demás; y sin importarle ya el cuestionamiento por los demás de la validez de sus desarrollos, podrá optar por aplicar la cualidad rebelde de su ser en colaborar con los demás a solventar los propios desconciertos de estos, cosa que requiere rebeldía para poder cuestionar o replantear los presupuestos en los que tienen situados sus criterios y acciones. Podríamos denominarlo entonces "sanador de criterios y comportamientos". Sin capacidad de rebeldía, difícilmente nos conduciremos hacia objetivos diferentes de nuestras tendencias innatas.
        En la necesidad de expresión que alienta o justifica el acto de rebeldía, se expresa la propia necesidad del individuo a recibir estímulos hacia desarrollos vitales, por carecer en sí misma la persona de estímulos o entusiasmos para ello, pero que los precisa para dar contenido a su existencia terrena. Podría estar justificado en la ausencia de deseos y en la aplicación a actitudes de servicio o de desarrollos de aquello que su propio ser le fuera presentando.

        Jorge Bucay, en su libro "El camino del encuentro", nos relata el proceso que ha seguido la Filosofía en la concepción sobre el ser humano, y puede ese proceso ayudarnos a comprender el por qué de la tendencia de algunos (muchos) a asumir responsabilidades que terminen dando lugar al pensamiento de persona imprescindible en la vida de otros, a los cuales pretende hacer dependientes. Y veremos cómo todo ello nace en la tendencia a justificar nuestra autoestima desde el área o sentimiento de los demás, mas no desde el nuestro propio, punto crucial de divergencia con lo que venimos desarrollando sobre la trascendencia del "sé tú mismo". Debemos sernos útiles a nosotros mismos, y a partir de ahí alcanzaremos a ser más válidos (y útiles) en la vida de los demás. Sin embargo, tendemos a vernos necesarios en la vida de otros, y aunque esto tiene una base esencial en nuestra naturaleza colectiva (somos individualidad y colectividad a un mismo tiempo), no lo hacemos desde este sentimiento, sino para alimentar de esta manera nuestra autoestima, la validez de nuestra persona desde la consideración de los demás. Y con esta errónea actitud, conseguimos ir creando lazos de dependencias y condicionamientos, en lugar de lazos de libertad y colaboración.
        La Filosofía partió más o menos de la idea de que el hombre es un ser solitario por naturaleza y que genera la dependencia con los otros para mejor proteger su conservación, aunque más tarde se concibió la posibilidad de que el hombre fuera un ser sociable por naturaleza. No obstante una u otra opción, se presumió también que tenía tres necesidades básicas: Sed de poder, sed de bienes materiales y sed de honores. Sus dos primeros apetitos pueden desarrollarse sin la necesidad de compartirse con otros; pero el tercer apetito, el de "honores", que más tarde deriva hacia el de "aprobación", precisa de los demás.
        Llegó a pensarse que la naturaleza humana consiste en sentirse incompleto en soledad, sin los demás. Ya no habría, por tanto, la búsqueda de los demás para defenderse, sino para completarse, en lo cual obtendría mayor sentido su vida y la del propio colectivo. Mas este nuevo criterio no invalida la tendencia de aquellos tres apetitos, que siempre habría que tratar de regular o controlar. El más importante de todos ellos sería el de la necesidad de aprobación o reconocimiento, que es, en definitiva, en torno al cual se establece y justifica gran parte de los otros dos. Se llega a concebir que la posesión de bienes materiales, además de lo que pudiera permitir de conservación del individuo, aporta reconocimiento o aprobación de la efectividad del individuo. Y otro tanto ocurre con la tendencia al poder, tanto en lo social o político como en lo laboral, lo familiar y en las relaciones afectivas; a más poder, mayor reconocimiento, y viceversa.
        El miedo a la indiferencia ha llegado a calar muy hondo en el ser humano; tanto que incluso podemos pensar que ciertos credos religiosos utilizan "la validez o estima del individuo ante los ojos de una divinidad" (ante Dios, por ejemplo) para compensar de alguna manera la tendencia a apartarse del seguimiento de ciertos roles sociales, ya que en ellos no va a considerarse la estima de su persona por no desear estar en línea con estos. Podrá bastar que Dios me dé su aprobación, y así nunca me sentiré solo, no valorado ni incompleto.
        Más tarde o reciente aparece la importancia de sentirnos válidos ante nuestro Yo Superior, que ya no es un factor ajeno de divinidad, sino lo más elevado que podemos percibir de nosotros mismos, y a éste lo denomino también Mi Conciencia. Y termino concluyendo que lo importante es sentirme completo o válido cuando actúo de acuerdo a mi conciencia.
        En este camino filosófico aparece Hegel (1770-1831) diciendo que más que el reconocimiento, la consideración y la aprobación del otro, lo que en individuo necesita es "la admiración" de un otro, que lo aplauda, que le de un lugar de importancia; sin ello, no tendría la posibilidad de sentirse satisfecho. Esto llega a hacerse más complejo cuando surge la necesidad de que la admiración no venga de aquel sobre el que nos hemos situado como "mejor" (de más consideración), sino desde otro que tenga para nosotros mayor valoración que nosotros mismos, pues no nos basta la admiración de aquél que percibimos puede "valer" menos que nosotros. Y es así como se establece una cadena de dominios y de poderes, que da lugar al entramado jerárquico social que conocemos (existente también en lo familiar), que en definitiva no pretende el desarrollo de la solidaridad ni ayudas mutuas, sino el desarrollo de la estima (aquí no podemos decir "autoestima") desde la base de la consideración de los demás hacia nosotros.

        Tras la exposición anterior, vemos qué fácil es apreciar la razón de por qué tendemos a hacernos imprescindibles en la vida de otros (por ejemplo hacia nuestros hijos) y a precisar que nos precisen (a necesitar que nos necesiten), porque aún no sabemos situarnos en "la autoestima", porque aún no sabemos ver lo que valemos para nosotros mismos (lo necesario y válidos que resultamos ser para nosotros mismos), y nos mantenemos en necesitar ser válidos para otros como objetivo primario (y no como resultas de nuestra propia validez en nosotros)
        Otros seríamos en los demás si llegamos a ellos sabiendo ser previamente en nosotros, mas nos empeñamos en lo contrario, de primero ser en ellos y luego en nosotros, con lo cual siempre actuaremos desde la inseguridad que aporta las posibilidades del criterio ajeno y que, al mismo tiempo, mantiene la necesidad de tener que estar siempre "actuando" para mantener el podium u óscar de nuestra validez, resultando así imposible el poder estar en las posibilidades de nuestras propias capacidades naturales, esenciales para una vida de paz, satisfacción y eficacia vital.
        Sabiendo entonces cuáles son las actitudes más generalizadas, ¿resulta extraño comprender la tendencia a ejercer el vampirismo hacia aquellos en torno a los cuales se desarrolla nuestra vida (hermanos, hijos, padres, amigos, compañeros, etc.)? Pienso que no. Si los Principios que rigen la vida no nos lo permitieran, no habiendo dado lugar a la posibilidad de los "trasvases" de energías o valores, esto no ocurriría, pues cada cual se tendría que "currar" todo cuanto tuviera que alcanzar a expresar (desarrollar de valores o capacidades).
        Pero la vida está montada o estructurada sobre el Principio de solidaridad y del compartirse, bases del desarrollo de su esencia Amor, y esto, para que sea sincero y tenga valor, debe contener aspectos de libertad, de poder ejercitarse desde el libre albedrío, y es así como ni los propios valores humanos cultivados por cada individuo terminan siendo propiedad de quien los cultiva, sino que contienen en sí la posibilidad de que puedan cederse, donarse; y no sólo eso, sino que para mostrar la verdadera existencia del amor, permite la vida que pueda actuarse en contra de lo que otro cultivó, es decir, apropiarse de lo que cultivó otro, es decir, dar vida en mí a lo que desarrolló otro en sí.
        Como un ejemplo de esto último puede servir lo siguiente: Habiendo sido una constante de mi vida el entrenamiento físico deportivo, cuando en ciertas ocasiones del entrenamiento se acercaba cierto individuo de notoria complexión atlética, sentía que mis fuerzas se esfumaban y que parecía que entraban a formar parte de tal individuo, que en muchas ocasiones, más que entrenar, se pasaba el tiempo charlando con unos y otros. Éste tenía tal "mando" sobre la canalización de las energías de fuerza, que éstas discurrían hacia él desde el cuerpo de los que se esforzaban en cultivarlas en ellos. Y esto mismo puede ocurrir a otros en los desarrollos de cualidades psíquicas, como la alegría y la tristeza, la confianza y la inseguridad, ... el sentimiento de autoestima y la consideración de que no valemos nada.
        A veces, la tendencia a minar la validez, y con ello la autoestima, del otro, no encuentra el eco necesario, y es cuando se ha desarrollado amplio y experimentado criterio sobre la validez de nuestros presupuestos, es decir, cuando nos hemos aplicado lo suficiente a tratar de ser nosotros mismos. Es corriente que la necesidad de que el otro esté equivocado se fundamente en que precisamos tener razón en lo que nosotros hacemos, aunque lo que hacemos esté regido por la sinrazón del capricho personal, que si se desarrolló fuertemente podría poner en difícil tesitura la confianza del otro en que actúa correctamente. Sobre esto deseo dejar constancia de un caso de mi propia experiencia:
        En la necesidad de aplicar a mi persona una corrección en mis hábitos nutricionales, cultivé el estudio y experimentación de lo que debía ser la dieta apropiada a la condición fisiológica (funcionamiento orgánico y visceral) de cada individuo. Como resultado de ese amplio y prolongado trabajo, he venido aplicando lo pertinente a mi caso particular, gracias a que puedo doblegar mi voluntad en aras del equilibrio integral que ando buscando. Con ello, adquirí importante criterio sobre las necesidades nutricionales del ser humano. No obstante, pueden existir momentos en los que alguna otra persona a la que abramos nuestro corazón, pudiera hacernos pensar todo lo contrario, que estamos equivocados y que nuestra dieta es muy errónea. Criterio éste que nos puede llegar con toda la contundencia de la persona que precisa justificar en ella que sus hábitos son correctos, aunque hayan sido conducidos sólo por hábitos tradicionales generalizados y tendencias hacia sabores específicos, donde habitualmente no se atienden los contenidos cualitativos hacia la condición humana que tramos de expresar.
        La importancia de este caso anterior, no está sólo en considerar la validez de haber estado actuando para potenciar nuestro fuero interno o criterio personal hacia uno mismo, sino que pone de manifiesto también las confrontaciones que tienden a surgir entre modos distintos de considerar la dirección de la vida personal, para así tender a justificar la validez de una (la propia) y no de la otra (la ajena)
. [ inicio ]

        * Analizando la "Onda Vivencial".-

La Onda Vital y las 4 Áreas de la Conciencia Humana:

Esta vida consiste en saber vivir la "tetrapolaridad", la doble dualidad polar:
Yo en mi Cuerpo, Yo en mi Pensamiento, Yo en Los demás y Yo en el Vacío.

El "Yo" aquí no expresa egocentrismo, sino percepción de mí en lo que vivo en cada faceta;
estar consciente de esa parte de mí que se expresa o vive a través de cada una de ellas.

Al igual que es necesaria la alternancia de los días y las noches,
lo es también el vivir la alternancia de nuestros 4 Polos.
Esos cuatro polos están expresados en la imagen de la derecha.

Desde el momento que existimos (que aparecemos) en esta dimensión material,
nuestras dos herramientas básicas, el Cuerpo y la Mente,
dan lugar, según nos situemos en su interacción o en su disociación, a:
la realidad Colectiva o el Yo en/con Los demás
y la realidad Individual o el Yo en/desde el Vacío.
La primera es nuestra percepción de "lo externo", y la segunda de "lo interno".
Pero ambas informan de que somos tanto un Individuo como parte de un Colectivo.
Ambas caras existenciales son "Esencia", es decir,
muestran las dos caras de nuestra realidad esencial.
Somos "reales" en ambas a un tiempo, e irreales fuera de alguna de ellas.

En todo esto, la "Onda Vital" (imagen de la izquierda) trata de hacernos ver
cómo debemos vivenciar ambas caras de nuestra existencia.
Todo lo que vivo con o en los demás, habré de vivirlo conmigo o en mí,
y todo lo vivido en mí o hacia mí, debo compensarlo con silencio o quietud.

Todo lo que vivo de Exterior y Pertenencias, habré de vivirlo de Interior y Vacío.
Cuando se nos presenta alguna "carencia" de algo o alguien,
es porque precisamos aplicarnos a algo "en" nosotros mismos.
Tras aplicarnos a nosotros, también surgirá el poder aplicarnos a los demás.
Tras entusiasmos y posesiones, entra en tu silencio y desapego.
No esperes que la vida te lleve o te quite,
toma la iniciativa de lo que habrás de abordar o dejar
para equilibrar tu exterior y tu interior, tu actividad y tu silencio.

Todo lo que vivas con entusiasmo debe compensarse con momentos de recogimiento;
ello será el equivalente de lo que podría presentarse como carencias,
base en muchos de lo que denominamos depresión, ruptura, desencanto, soledad, ...
que no trata más que darte oportunidad de que te compenses estando en ti,
para que frecuentemente revises lo que vives de tu vida y lo que te aporta y aportas
de los alimentos esenciales de nuestra naturaleza: paz, tolerancia, amor y entendimiento,
que precisan para su desarrollo de: de ti mismo, de los demás, de silencio y de acción.

Puedes ver más de esto en "La depresión ("bajonas") tras la euforia".
. [ inicio ]

        * ¿Qué es amarme?.-
        Amar la Vida es sinónimo de "amarnos", y nos amamos cuando ponemos nuestra atención en vivir cada Camino que emprendemos o que surge ante nosotros, y no la mera expectativa de alcanzar una Meta. En el contenido del Camino está la vida, lo que ésta viene a traernos o aportarnos de enriquecimiento a nuestra conciencia sobre lo que Somos (tú y yo; yo y todos); y este es el objetivo primordial de la vida.
        Percibir la vida del Camino es ir percibiendo lo que vivimos de las situaciones. En esta conciencia de lo que vivimos está la base del amarnos, porque percibir la vida es estar abierto a ella; así mostramos amarla; y en lo que nos abrimos a percibir lo que viene a traernos para enriquecer nuestra vivencia, hallamos el propio amor de la vida hacia nosotros.
        Situarnos en la vivencia de las espectativas, de las metas, es situarnos en las "justificaciones" de lo que nos induce a caminar, carentes en la mayoría de los casos de razón suficiente de vida, pues en muchos casos, en una gran mayoría, los motivos por los cuales tendemos a actuar, a caminar, a situarnos hacia o en algo, son simples elementos sobre los que nuestras motivaciones cabalgan en busca de procesos internos ocultos a nuestra conciencia, que más tarde o temprano sabremos que los precisábamos para decidirnos a caminar, aunque no supiéramos hacia dónde realmente nos conducía nuestro ser.
        Somos los pasos de nuestro caminar; sólo ahí está nuestra realidad; la meta es sólo una orientación, una quimera, cambiante en función de la huella que dejemos con cada paso.

        Somos creadores de situaciones, sobre las cuales se alimenta nuestro ser y el ser que todos formamos. Y en toda creación, en toda elaboración, sabemos lo importante que es el estar sabiendo qué hacemos, qué elaboramos, principalmente porque de ello va a depender la cualidad de nuestro constante alimento, de nuestra constante actividad nutricional vital. ¿Entendéis en esto por qué el amarnos está relacionado con la atención a lo que vivimos, a la actitud en la que nos situamos en cada momento para afrontar nuestras acciones y omisiones, a cómo nos percibimos en aquello a lo que estamos dando vida con nuestra implicación emocional, material e intelectiva?
        Amar es estar en el Aquí y en el Ahora. El Aquí tiene dos partes: lo cercano a nosotros y lo "en" nosotros, es decir, en nuestro derredor y dentro de nosotros. El Ahora implica la dedicación de toda nuestra conciencia a los procesos del Aquí; significa aplicarnos a algo como si fuera la única cosa a la que podríamos dedicarnos en esos momentos, es decir, nuestro ser en el instante.
        Cuando nos ocupamos (nos pre-ocupamos) antes de que llegue el justo momento de un acontecimiento (una entrevista, una respuesta, una determinación, ...), carecemos de los elementos que intervendrán definitivamente en la acción concreta, pues en cada situación interviene de manera contundente la condición (situación, actitud, ...) interna de cada participante en ella, pero la del instante del acontecimiento y no la que pudiera preverse o imaginarse anticipadamente, ya que nada es de una forma determinada, sino que está sujeto a los valores que intervienen en cada "interacción", en lo que en un momento determinado son las personas que se interrelacionan.

        En la vida todo es de condición neutral mientras no se proyecte hacia la interacción con algo o alguien. Es así como no podemos decir que tal cosa o tal persona es buena o mala en sí misma, sino que es buena o mala en función de hacia qué o hacia quién se proyecta o se vincula. Y es por eso que el amarnos está relacionado con los no pre-juicios, sino con la apertura y la aceptación de como el otro es. Lo positivo que venga a aportarnos va a estar en función de no ir condicionados, sino conscientes de que llegamos a él estando en nosotros, sin expectativas que generen inconscientemente en el otro actitudes defensivas o de réplica por lo que no se amolden a lo que en el otro está necesitar ser en sí.
        Cuando estamos en nosotros, no precisamos de cosa concreta de los demás, por lo que toda relación será más fluida y armoniosa para ambos. Surgirá así el Compartir, mas no el competir, y aquel es el Principio del Amor. Yo contigo estando en mí, y tú conmigo estando en ti, da lugar a las relaciones de Colaboración y no de confrontación o de absorción.

        Las figuras que vienen a continuación me surgieron pensando en lo siguiente:
        Vivimos en un planeta regido por un sistema solar de una sola estrella, nuestro único Sol. Sabemos que existen estrellas "dobles" en el firmamento, que son parejas de estrellas que giran constantemente entre sí (alrededor del centro de gravedad de ambas)
        De nuestro planeta Tierra hay quien dice que, por la necesidad de su especial sistema evolutivo, se saldrá de la órbita de nuestro sol y entrará en un sistema solar binario, de dos soles, es decir, de estrella doble. Y esto ocurrirá para dar lugar a las posibilidades vivenciales de una humanidad de más armonía con la conciencia espiritual alcanzada por muchos.
        Sea o no cierto ese proyecto terrestre, lo cierto es que me ha hecho caer en la cuenta del por qué en este Sistema en el que estamos rige tanto los individualismos y tanto cuesta implantar el espíritu de colaboración desprovisto de competencias y confrontaciones.
        ¿Es posible que sea porque un único sol da lugar a esas tendencias individualistas, egocentristas, que incluso a veces se someten a la anulación del Yo para insistir en tratar de vivir el Tú, a los demás y no a uno mismo; es decir, la tendencia tan generalizada de estar fuera de nosotros, a galope de lo que parece nos marcan los demás y no nuestras propias necesidades, así como el tratar de dirigir el proceso de los demás y no saber de las necesidades del nuestro propio?
        Con estas imágenes veo lo siguiente:

En esta primera percibo el claro egocentrismo. Respira para sí y desde sí.

En esta segunda sitúo a la persona que no vive para sí, sino creída en que se debe a los demás, a otro, y que termina absorbida por estos y con gran sentimiento de frustración y ... de enojo por lo que los demás no le ... permitieron.

Con esta tercera imagen trato de reflejar las tendencias usuales en los diversos modos de relaciones humanas, tanto de pareja, como paterno filiales, fraternales, laborales, de amistad, etc., en los que tiende a surgir algún predominio de uno a expensas de las energías del otro, sin que haya una retroalimentación del que cede, y termina estableciéndose un distanciamiento y rechazo en lo que pudo comenzar por admiración, al no existir la oportuna colaboración de apoyo desde el que protagoniza hacia el que queda en segundo plano.

En esta última imagen dinámica, análoga a la que dan lugar las estrellas dobles, surge el Compartirse, el apoyo recíproco y la Comunicación de energías necesaria para que en la interacción de ambas tras los desarrollos cotidianos de cada una de ellas, ambas crezcan con el enriquecimiento del fruto de las vivencias de ambos. Estar en un planeta alumbrado por tal tipo de relación solar, debe mantener fuera de todo egocentrismo a los seres que se expresen en él. La energía madre que les llega, desde ambos polos en constante interacción, debe ser algo análogo a estar haciendo siempre presentes los componentes cerebrales de lo emotivo y lo racional, nuestras dos polaridades que, en lo terrenal, están en constante confrontación, tanto fuera del individuo en sí, por lo que abanderan los emocionales en contra de los racionales, como por los racionales que están contra los emotivos, y también, claro está, en las propias contradicciones que dentro de cada sujeto surge entre su parte racional y su parte emocional.
En esta imagen veo también, dinamizadas, las circunstancias que deben darse en una Pareja para que exista la permanencia de la relación y que expreso en el capítulo "Sobre la relación de Pareja" de la página SéTúMismo, que concreto con lo siguiente: Desarrollo personal de cada miembro en el marco que le sea propio; respeto y valoración de los modos y del campo de motivaciones del otro; plena libertad de comunicación de las vivencias y espectativas de lo vivido por cada cual, que requiere la no contradicción entre los contenidos de las respectivas vivencias y motivaciones; comunicación efectiva de los desarrollos de ambos y, especialmente, de todo lo que haya generado algún tipo de carga emocional. Resumiendo podríamos decir que es preciso el constante compartirse, desde la libertad y el respeto a las necesidades de desarrollo de cada cual, donde la Comunicación amplia y sincera sobre todo ello establece el enriquecimiento recíproco.
. [ inicio ]